“Las condiciones las tuve, pero…”
domingo, 02 de abril de 2017
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Juan Zubeldía habla de por qué su carrera de futbolista profesional duró menos de lo que quería. Y aunque no se castiga, admite: “la felicidad que tenía después del partido no recuerdo haberla tenido nunca más”.

 
- Si te digo 16 de junio de 1999, ¿qué te genera?
- Soy muy malo con las fechas… El año 99 me remonta a mi debut en primera división, pero la fecha no la tengo en la cabeza.
 
El 16 de junio de 1999 Juan Manuel Zubeldía se convirtió, para siempre, en un jugador de fútbol de la primera de AFA, en un grande (Racing) y con un gol que sirvió para empezar a revertir un 0-1. Un combo difícil de olvidar para cualquiera. Y sin embargo, le cuesta identificar con precisión ese día. Capaz por lo que vino después.
 
- ¿A qué lo atribuís?
- A cómo vivía en esa época. Me llegó en un momento bueno de inferiores pero fue muy rápido. Entrenaba con reserva y en un momento dado, 48 horas antes del partido un jugador se cae, me llaman a entrenar con primera y después Gustavo Costas decide llevarme al banco… Miento, previo a eso –y ahí te das cuenta de que mi memoria es muy mala- ya había ido al banco, con Colón. A los tres ó cuatro días jugamos con Newell’s, me vuelve a llevar al banco y ahí entro. Ibamos perdiendo 1-0 y me acuerdo que estaba con Principiano, que me decía ‘Pony, si entrás vas a meter un gol…’ Ingresé por Luigi Villalba, y a los 5 minutos hice el gol. Después Matute Morales hizo el 2-1 y ganamos.
 
-  Fue todo muy rápido decís.
- Sí, fue todo muy rápido. Sí me acuerdo la felicidad que tenía después del partido, porque no recuerdo haberla tenido nunca más. Fue corta, pero intensa.
 
- ¿Y cuando te llamaron para entrar, qué sentiste?
- Mirando desde lejos digo que jugué bien porque no me di cuenta del contexto en el que me encontraba, a diferencia de todo lo que ocurrió después. Fue muy natural para mí, no caí hasta después del partido… No fui consciente de lo que había hecho… Considero que no había llegado mentalmente preparado al ciento por ciento para jugar en un equipo grande y más en esa situación en la que estaba Racing.
 
- ¿Qué significa que no estabas mentalmente preparado?
- La formación de inferiores no tenía las herramientas que tienen hoy los entrenadores. Soy un agradecido a la formación que tuve en Belgrano: en esa época, Patilla (Kruber) nos preparaba para ese tipo de situaciones, más allá de que después pudiéramos vivirlas o no. Esa formación me permitió llegar, pero en el medio no tuve un complemento, seguramente por la situación que vivía Racing.
 
-  ¿A qué te referís?
- A la vida cotidiana de un jugador amateur o de inferiores. Hoy vas a un club y tienen la psicóloga, la escuela, una buena alimentación, psicóloga deportiva… Nosotros vivíamos debajo de la cancha, comiendo muy de vez en cuando salvo los que teníamos la posibilidad de que los padres nos mandaran efectivo. O sea: tenías que vivir solo, arreglártelas desde los 13 ó 14 años hasta los 18 que debutabas. En ese entonces no estábamos preparados, hoy capaz es distinto.

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- Hablabas de la alegría post debut, ¿cómo fue volver a la realidad?
- Después de eso fueron dos años entrenando con primera, aparecieron cosas nuevas como el primer contrato, el club te daba un departamento y dejabas la pensión, y ya te convertías en profesional… Insisto, sin que me hubieran preparado para serlo en los cuatro o cinco años que estuve antes.
 
-  Eras el mismo que vivía en la pensión, ahora en un departamento y cobrando más plata.
- Exacto. Y obviamente, la única realidad que yo conocía en cuanto al profesionalismo era esa, así que el post es muy fuerte. Por eso entiendo a los chicos que quedan libres de grande, seguro piensan que lo que viene va a ser mejor, y no: tienen que empezar a desarrollarse como jugadores de fútbol, y reinventarse, que es lo más difícil, más cuando salís de ese tipo de situaciones. No salís íntegro como jugador de fútbol.
 
- ¿Y como siguió la historia?
- Dos años alternando, bajando a reserva, porque en ese tiempo los que entrenábamos con primera después jugábamos en reserva.
 
- ¿Cómo lo tomabas? ¿Era estar cerca de primera o haber bajado?
- Bien. Me sentía como en el patio de mi casa en la reserva. Humildemente, me sobraba. Es más: el último partido que jugué en reserva fue contra Independiente y ganamos 2-0 con dos goles míos… El diario Olé, en ese tiempo, había empezado a poner puntaje a los juveniles. Y me llamó un periodista preguntándome cuánto me merecía. Y le dije un 10, pensando que era una joda. Al otro día compré el diario y me puso un 10… Fue el último partido que jugué. Después vino el gerenciamiento y colgaron a 10 ó 12 chicos porque los pases no les correspondían a ellos sino al club. Nos mandaron a entrenar con inferiores, nos cumplieron el contrato pero no nos dejaban jugar en reserva para que no nos vieran. Cumplí los seis meses y me fui.
 
- ¿Y?
- Me encontré con una realidad para la que no estaba preparado. Pensaba, como piensan muchos chicos de clubes grandes, que iba a vivir toda la vida ahí. Pensaba que me iba a salir algo de primera y no me salió, y caí en Huracán de Tres Arroyos en la B Nacional. Encontré un equipo de los mejores que he integrado, pero mi cabeza cómo funcionaba: ‘vengo de Racing, tengo que jugar’. No veía que los otros chicos tenían 300 partidos en Argentino A, Nacional B… No lo entendí en ese momento, me llevó años, y cuando lo comprendí ya era tarde… Yo era el primer cambio, entraba siempre, y hoy, siendo entrenador, entiendo que era importante, que (Oscar) Anzarda no me mentía. Pero en ese momento creía que era mejor que los otros. Y no lo era. Podía serlo, pero no lo era.
 
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- ¿Y entonces?
- Mi representante tenía buen contacto con el Atlético Madrid, y ya en Racing me había dicho que cuando me saliera la ciudadanía me llevaba a probar allá. Y me salió. Mirá mi cabeza…: estaba en Tres Arroyos pensando en el Atlético Madrid… No entendía que tenía que seguir desarrollándome como jugador. Así que cuando me salió la ciudadanía lo llamé y le dije, ‘me quiero ir de acá, conseguime la prueba’, rescindí contrato con Huracán y me fui a probar.
 
- ¿Cómo te fue? 
- Me tuvieron un mes ahí y me dijeron que el nivel no alcanzaba para el Atlético Madrid A, donde estaba el Niño Torres, Juan Gómez, los dirigía Aragonés, que me querían para la Filial, una categoría más bajo. Y como mi cabeza seguía funcionando mal dije ‘no’. Y me volví, pensando que iba a conseguir club. Y cuando vuelvo, Huracán estaba jugando la final por el ascenso con Lanús, con Luis ya jugando. Pero como había entrado con el tema de la lesión, se dio que los dos nos encontramos mirando el partido de nuestros equipos en departamento…. Después empecé a jugar en el interior.
 
- Siempre sin entender que no eras el profesional que vos creías que eras.
- Exactamente. Sí.

- ¿Cuándo te diste cuenta?
- Cuando me instalé en La Pampa. Me puse a estudiar Educación Física y me fui a jugar a Ferro de Alvear, uno de los mejores equipos que integré, comparable con aquel Huracán de Tres Arroyos por la calidad de los jugadores. Ahí maduré. Empecé a hacer el curso de entrenador para ver si era lo que me gustaba, y en cada club al que iba pedía que me dejaran dirigir una categoría más allá de jugar. Así comencé a entender la cuestión de la formación y me apasionó tanto que si vuelvo a nacer elijo la parte pedagógica, de entrenador, no la del jugador de fútbol.
 
 - ¿Tu vigencia como profesional hubiera sido otra si hubieras ido a Lanús por ejemplo?
- Mirá, cuando lo convocan a Luis (su hermano) mi viejo quería que estuviéramos cerca, y yo era consciente de que no estaba en un lugar bueno más allá del nombre del club. El tenía la oferta de Lanús y Boca, yo le aconsejé Boca, Pekerman le aconsejó Lanús y fue a Lanús. Y cuando nos contábamos el día a día, mi hermano no salía las 24 horas del club y tenía la escuela al lado, y la vida nuestra era totalmente diferente. Era un club adelantado, lo que lo llevó a ser lo que es hoy.
 
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- ¿Quedaste conforme, disconforme, muy disconforme con tu carrera?
- Disconforme. Podría haber hecho más. Pero este juego no es solamente jugar bien.  Un futbolista necesita de la genética, la competencia, el entrenamiento y la pasión sobre lo que estás haciendo. Yo reunía muchas de esas cosas, pero no alcanzó, seguramente por la madurez.
 
- ¿Y cómo lo vivís?
- No renegué jamás de lo que podría haber hecho, capaz que haber hecho el curso de entrenador fue tapando eso. Las condiciones las tuve, pero no las supe aprovechar, como pasa en 10.000 casos. Y seguramente me apasiona esto de formar para transmitir, inconcientemente capaz, mi historia. Sin contarla tampoco, pero marcando un camino.
 
 - ¿Qué pasa si te toca dirigir a un Juan Zubeldía?
- Sería mi jugador preferido. Siempre digo que el que juega bien tiene que jugar. Y considero que una de las funciones del técnico, una de las más importantes, es hacer para que un jugador saque su mejor potencial. Si juega bien y no llega, por ahí algo le falla.

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